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DE LA MUJER AL HOMBRE



Dios te hizo hombre para mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Gioconda Belli





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Yo quisiera quedarme en ese mundo apretado en las paredes celestes
de la infancia, arrebujada en un aire que se disuelve con el calor
del verano, porque, no sé por qué, en la infancia siempre es verano,
siempre hay un velerito de papel y palitos navegando en un charco de
ámbar, siempre hay un bollo plateado de papel de chocolate en el
fondo de un bolsillo.

Yo quisiera caminar por los senderos cuidada por ángeles guardianes,
segura y preocupada solamente por el horario de la sopa de las
muñecas, inventando nombres para llamar a las luciérnagas, buscando
las pilas que encienden a los bichos de luz, durmiendo con un sueño
de acompasada respiración y manos apoyadas en las sábanas sin
crispación, como flores.

Allí es donde uno tiene la defensa más limpia y más cierta: la de la
ingenuidad, la de la fe. Creer, creer en todo el mundo, abrir la
pena como un pan caliente y mostrar su humeante interior; abrir la
risa como un durazno maduro y entregar el corazón, o la pulpa o el
zumo, creyendo que a los demás nuestra alegría les gusta, que los
demás se ponen contentos con nuestro triunfo, con nuestra felicidad.

Querer. Y sentir que querer es una margarita a la que se le ponen
los pétalos en lugar de quitárselos, y que son unos ojos empañados
de llanto cuando la mano amiga se posa sobre el hombro para decir
estoy aquí, contigo, porque me necesitas. Darse. Como se dan los
hijos, sin especulaciones: "porque estoy de tu parte". "Porque me
gusta ser tu amiga". "Porque te quiero como eres".

A mí me asusta esa ciudad que se levanta allí. Con laberintos de
cemento y sonrisas de utilería que se ponen en los rostros los que
piden algo.

Y hablar cuando uno quiere quedarse en silencio. Y quedarse en
silencio cuando uno tiene ganas de hablar.

Y herir. Porque a veces para defenderse la gente grande tiene que
herir. Y pasa como cuando tú, que eres chico, decías furioso:
"ojala que se muera mi mamá que no me quiso comprar un helado". Y
resulta que después te pasaste toda la noche despierto y te
levantaste cien veces con la excusa de ir al baño o a la cocina a
tomar agua, nada más que para ver si respira, que no se cumplió, que
por suerte no se cumplió.

Yo te propongo una locura: que no crezcas como parece que es
conveniente crecer en este mundo de la ciudad fantástica y
totalmente aprovechable.

Que defiendas los soldaditos de plata que la lluvia hace galopar
sobre el asfalto.

Que quieras porque sí y llores toda la tarde porque te peleaste con
el amigo con el que te vas a reconciliar mañana lo más campante y
olvidado de todo. Porque si no te pones fuerte y defiendes esas
cosas a capa y espada, te van a ir arrancando de ese país de luz, y
sin que te des cuenta, te van a ir metiendo las sombras que dan
miedo de noche, y cuando llegues al lugar en que miro de pie a mi
alrededor, vas a querer huir, irte de ti, refugiarte en cualquiera
que sonría, volver a huir porque hincaron los dientes hambrientos en
el pan caliente de tu pena y en la pulpa de tu alegría y se disputan
los huesos de nácar de tu ingenuidad, la mano abierta, el asombro,
¡Ay el asombro!, ese milagro, que de repente nos resucita. Por
ejemplo: acabo de asombrarme con un puñado de jazmines chiquitos y
blancos que se han abierto en la enredadera de mi casa. Y han
perfumado de tal manera el jardín que me hicieron pensar en un
derroche de magia.

Así que échate para allá un poco, déjame sentar contigo en el
banquito, vamos, córrete, haceme un lugarcito. No tengas miedo, yo
todavía puedo chapotear en tu río sin encrespar las aguas, y morirme
de risa viendo girar tu trompo, y pasarme una tarde entera
descubriendo universos en un calidoscopio.

Yo todavía puedo usar a ratos tu país de luz.

Anda, correte un poquito y déjame sentar contigo en el banquito.


Porque creo en el lucero de tus ojos
En la fuerza que me inspiras
En cada palabra sencilla
En cada caminata juntas
Y libre al lado de la vida
Porque has demostrado tu enorme valor
Y me has enseñado el valor de la vida misma
Porque sin ti no me hubiera percatado
Esta es hermosa, aun tú no existieras
Por ello te amo, amiga mía
Por darme razones para seguir cada día




Algun día



Tu voz aquí a lo lejos, que le da sentido a todo,

tu voz que es la música de mi alma

tu voz, sonido del cielo, conjuro,

encantamiento...



Algún día te escribiré un poema que no

mencione el aire ni la noche;

un poema que omita los nombres de las flores,

que no tenga jazmines o magnolias.



Algún día te escribiré un poema sin pájaros,

sin fuentes, un poema que eluda el mar

y que no mire a las estrellas.



Algún día te escribiré un poema que se limite

a pasar los dedos por tu piel

y que convierta en palabras tu mirada.



Sin comparaciones, sin metáforas,

algun día escribiré un poema que huela a tí,

un poema con el ritmo de tus pulsaciones,

con la intensidad estrujada de tu abrazo.



Algun día te escribiré un poema.








SOY LO PROHIBIDO

Soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender
soy lo prohibido.

Soy esa fiebre de tu ser
que te domina sin querer
soy lo prohibido.

Soy esa noche de placer
la de la entrega sin papel
soy tu castigo.

Porque en tu falsa intimidad
en cada abrazo que le das sueñas conmigo.

Soy el pecado que te dio
nueva ilusión en el amor
soy lo prohibido.

Soy la aventura que llegó
para ayudarte a continuar en tu camino.

Soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar
soy ese nombre que jamás
fuera de aquí pronunciarás.

Soy ese amor que negarás
para salvar tu dignidad
soy lo prohibido.

Soy tu castigo
porque en tu falsa intimidad
en cada abrazo que le das sueñas conmigo.

Soy el pecado que te dio
nueva ilusión en el amor
soy lo prohibido.

Soy la aventura que llegó
para ayudarte a continuar en tu camino
soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar
soy ese nombe que jamás
fuera de aquí pronunciarás
soy ese amor que negarás
para salvar tu dignidad.
Soy lo prohibido.




 
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